miércoles, 8 de julio de 2009

Las personas somos como los regalos, a veces es mejor el envoltorio que lo que viene dentro




Yo pensaba que lo que diferenciaba a las personas es su interior. Lo buenas o malas personas que somos, nuestra capacidad para amar, odiar, dar, recibir, perdonar, olvidar...¿ Cuántos sentimientos caben en una sola persona?¿ Realmente algunas personas son tan malas y otras tan buenas? ¿por qué? ¿la vida? ¿ las circunstancias? Quizás un poco de todo mezclado a partes diferentes en cada cual. Una persona nos puede hacer cometer un crimen y otra hacer de nosotr@s la persona más dulce sobre la tierra. Miles de años y la humanidad no ha evolucionado con respecto a los sentimientos. Reímos por las mismas cosas y lloramos por idem así que supongo que, si el mundo tuviera el color de los sentimientos humanos, sería de color gris, porque todos llevamos dentro las mismas capacidades.



Si no podemos evitar que nuestros emociones sean las mismas que las de millones de otras personas, ¿cómo ser diferentes y especiales para los demás? ¿ para alguien en particular? Poniendo color al exterior, a lo visible. Mejorando- o intentándolo- lo único que podemos cambiar sin depender de las circunstancias, de la vida, del libre albedrío.

Al final acabamos siendo como un regalo envuelto. A veces es mejor el envoltorio que el regalo de su interior, otras veces - las más afortunadamente- el envoltorio sólo es una ínfima muestra de lo que en su interior esconde.

2 comentarios:

Lucía dijo...

Creo que lo que nos hace diferentes no es cómo somos, sino cómo hacemos sentir a los demás. O quizás es sólo es el recurso que tengo para sentirme un poquito especial...

Jelly dijo...

La diferencia radica en cómo administramos todos esos sentimientos, como los sabemos comunicar y cómo nos los recepcionan.

Es verdad que a veces hay "envoltorios" que mejor no haber descubierto el interior... pero, ¿cuántos envoltorios abiertos nos han dado tanto? ¿Y cuántas veces hemos sido nosotras ese envoltorio colorido para alguien? Sólo pensarlo, me ha hecho sonreír.