
Nunca he sido muy religiosa. La última vez que he pisado una iglesia para acudir a un acto litúrgico ha sido en el bautizo de mi sobrina hace ya unos cuantos meses, y como estuve haciendo las fotos del bautizo, ya que esta vez no era madrina, me concentré poco en la misa. Me inculcaron de pequeña la creencia en Dios, pero no la práctica. Ahora sigo sin practicar, pero no me he puesto a pensar si sigo creyendo en Dios o no y no lo voy a hacer ahora.
Hace aún más leí La Catedral del Mar y Los Pilares de la Tierra. Dejaré aparte si son buena o mala literatura porque lo bueno tiene grados, lo malo también, pero para disfrutar de lo bueno hay que probar lo malo para poder distinguir, y sobre todo, hay que tener en cuenta siempre las circunstancias en las que se leen unos u otros libros.
A donde yo quería llegar después de estos dos párrafos es a que es porque leí esos dos libros que se despertó en mi una curiosidad mayor por la arquitectura y la construcción de iglesias y catedrales y allá donde voy, no diré que intento visitar por dentro los templos, pero sí admiro sus fachadas, los interiores también si se puede o está abierto, porque me parecen maravillosas y grandiosas obras estas construcciones promovidas por el deseo de notoriedad de quienes las mandaron construir, y la fe ciega de los fieles que, con su trabajo y/o sus aportaciones, participaron de la parte financiera.
Este finde he estado de turismo en un sitio donde el tiempo pareció pararse hace unos siglos, me ha encantado, pero ya os hablaré de ello más adelante cuando tenga las fotos listas y pasadas al pc.
Os dejo algunas fotos de sitios en los que he estado para ver si sabéis de dónde son y ya pondré en un par de días los lugares.


















